Un paseo por las nubes.
Suena el despertador muy pronto, son las 5:30 p.m. pero nos levantamos de un salto, ha llegado el gran día, ese que todos los que componemos Monval llevábamos esperando meses. Desde que salió a la luz el calendario de actividades de este año todas las miradas se habían puesto en este objetivo, llegaba por fin el momento de dirigirnos a rendir pleitesía al Señor de los Pirineos, a conquistar su techo, el único que nos falta por lograr después de los otros dos grandes: Posets (12/2007) y Monte Perdido (05/2008). Es el comienzo de nuestro sueño…
Viernes 1 de Mayo
Son las 6:00 de la mañana, el punto de encuentro es el habitual…allí nos reunimos Antonio Montilla, Ana Belén, Nati, Alberto, Pedro, Gema González, Pepa, David Lobato, Chema, Raquel, Rocío, Sergio, Iván, Ángel, Pepe, Gema del Pino y servidor. Cargamos los coches con todos los “aperos de labranza” al uso: raquetas, bastones, piolets y mochilas se distribuyen adecuadamente entre los coches, y una vez acopladas los viajeros partimos rumbo a Benasque (Huesca). Después de 7 horas de viaje con las paradas de rigor llegamos a nuestro destino, donde una vez más superamos la prueba y pasamos de largo desoyendo los cantos de sirena que nos llegan desde los abarrotados escaparates y estanterías de la tienda de montaña Barrabés. El tiempo apremia, sabemos que después de comer nos quedan 2 horas largas de pateo desde el Hotel del Los Llanos hasta nuestro particular hotel de montaña, el refugio de La Renclusa. A nuestra llegada al punto en el que dejamos los coches somos recibidos por una tímida lluvia que poco a poco se va convirtiendo en nieve, y unas amenazantes nubes cubren el fondo del valle que tenemos que recorrer hasta nuestro destino de hoy. Calzados con las raquetas avanzamos lentamente por la pista que da acceso al Parking de la Besurta (1.920 m), la nieve y el viento por momentos aprietan y poco a poco van calando nuestra ropa, aunque nuestra moral es impermeable y seguimos adelante! Impresionados por la cantidad de nieve que hay ya a esa altura, resuenan en mi cabeza los ecos de algo que me dijo Javivi antes de salir de Valdemoro “…este año dicen que en el Aneto se acumulan más de 7 metros de nieve”. En ese momento comprendí todo…Después de 45 min., unas cuantas revueltas y algún que otro percance de Raquel engullida por la nieve, llegamos al refugio donde tomamos posesión de nuestra “suite”, (algo calados, por cierto) reservada con 2 meses de antelación para estas fechas. En el refugio hay lleno hasta la bandera, y aún a las 10 de la noche algunos no previsores rogaban a los guardas que les dejasen un rincón para dormir bajo techo, a salvo de la nevada que se preveía para esa noche. Nosotros después de una cena “ligera” a base de garbanzos y carne guisada, nos dirigimos a nuestra habitación donde trataríamos (con suerte dispar “gracias” a los ronquidos y gases nocturnos) de descansar recuperando fuerzas para el gran día, el ataque al Aneto…
Sábado 2 de Mayo
Son las 5:30 de la mañana, suenan los despertadores e Iván enciende la luz de la habitación al grito de “¡¡Arriba haraganes!!”…Noooo, es broma, le hubieran llovido todo tipo de objetos! Poco a poco nos vamos desperezando y preparando para salir. Esa noche no había dormido demasiado bien “gracias” a los 3 platos de caldo de cocido que me serví, y a eso de las 3:30 de la mañana había tenido que bajar al baño, momento que aproveché para salir a la calle. Nevaba. Me acosté de nuevo, y cuando me levanté seguía pensando en ello, por lo que a las 6 volvía a bajar a la calle mientras el resto permanecía en la habitación, para asomarme y…seguía nevando. “…Mierda, los del tiempo han vuelto a equivocarse ¡” Bastante frustrado y preocupado volví a subir para reunirme con el resto del grupo y entre dientes les dije “…está nevando”. Después de unos segundos de incredulidad y duda, pues a nadie le apetecía hacer una actividad de 10 horas bajo la nieve, decidimos tomárnoslo con calma y bajar a desayunar a ver como evolucionaban los acontecimientos. Son las 6:30 y el comedor del refugio está lleno de gente en la misma situación que nosotros: tensa espera, dejará de nevar? Poco a poco va amaneciendo y apenas se ven los Portillones, que es nuestro primer punto de destino. Cada vez lo vemos más negro, y pienso en la maldición anunciada el día anterior por Rocío “Es muy raro venir al Aneto y hacerlo a la primera…”. Joder, será verdad?
Pero por momentos deja de nevar y algunos grupos de traveseros van saliendo poco a poco, marcándonos la huella a seguir al resto de montañeros que aguardábamos ese momento en el refugio. “Venga coño, salimos a andar y a ver hasta donde llegamos…” sentencia Pedro, y todos corremos raudos a terminar la mochila con ese objetivo, “…hasta donde lleguemos!”.
Salimos del refugio (2.140 m) y vamos en busca del Portillón Inferior (2.755 m), tenemos que salvar 600 m. de desnivel sin apenas calentar el “motor”, y eso se nota en nuestras piernas y pulmones que se ponen a 100 en muy poco tiempo. La huella se retuerce por toda la ladera, una diagonal larga, un giro, otra diagonal…Nuestro grupo se va alargando cada vez más, los objetivos para ese día son muy distintos entre los componentes de este. Para algunos es suficiente con haber estado allí, otros solo quieren subir hasta los Portillones para ver el glaciar, y otros solo tenemos en mente un objetivo: la conquista del Aneto. De esta manera, a través de los walkies Alberto me va anunciando los nombres de aquellos que se dan por satisfechos y empiezan a bajar al Refugio. El resto seguimos avanzando entre la niebla y la nieve, como poseídos por la atracción y el magnetismo de este impresionante lugar. Por momentos parece que el tiempo empeora, pero hay una voluntad silenciosa que guía nuestros pasos hacía el anhelado Portillón Inferior. De repente, cambia la luz, se torna más clara poco a poco y finalmente unos débiles rayos de Sol nos anuncian un cambio radical en el tiempo…al fondo, impresionante, se dibuja el Macizo de la Maladeta con su ahora nevado glaciar, de derecha a izquierda podemos ver el Pico Cordier (3.263 m), Pico de la Rimaya( 3.265 m) y Pico de la Maladeta (3.308 m). Estamos en pleno corazón de los Pirineos, algunos de los tres miles más impresionantes de toda la cordillera se muestran a nosotros totalmente cubiertos de nieve, que regalo para los sentidos ¡¡¡ Tras una pequeña travesía atravesamos los Portillones asomándonos a su vertiente Oeste…desde este mirador privilegiado por fin se muestra el Aneto con su imponente glaciar, ahora totalmente cubierto de nieve, un desierto blanco e inmenso. El destrepe hacia el glaciar es un paso fácil pero algo expuesto, lo que causa alguna baja más entre nuestras filas que deciden que su aventura ha llegado hasta aquí. Quedamos 7 de los 15 que salimos del refugio, son las 11 de la mañana y queda mucho día por delante, el tiempo acompaña y las fuerzas también, así que ese “…hasta donde lleguemos ” inicial se convierte en una voluntad firme y decidida de seguir hasta el final o reventar (y algunos casi consiguen las dos cosas, verdad Pedro?). Avanzamos por el glaciar, paso a paso, curva a curva pero parece que aquel gigante de hielo y nieve no tiene fin; vamos ganando altura, y el espectáculo es simplemente impresionante…a nuestra izquierda el Ball de Barrancs, y al fondo al Oeste un maravilloso mar de nubes que va quedando por debajo de nosotros. En mi interior solo escucho unas palabras “…hoy unos cuantos afortunados estamos dando un paseo por las nubes”. Después de nuestra travesía glaciar por fin llegamos al Collado de Coronas (3.196 m), nuestro objetivo está muy cerca, solo nos quedan 200 metros de desnivel. ¿Solo he dicho? A esa altitud, los efectos del cansancio ya acumulado y de la menor cantidad de oxígeno en el aire se hacen notar y ese último tramo se hace muy largo para algunos componentes de lo que queda del grupo inicial. En ese punto me giro y observo la Punta Oliveras, el Pico Coronas vigilando a mis compañeros que avanzan lenta y pausadamente, como una procesión de almas en pena que buscan su redención mediante el esfuerzo y la entrega que exigen estos últimos metros….es en ese momento cuando me pregunto por que hacemos esto, por que derrochamos energía e ilusión en cada ascensión, cual es el premio que buscamos? No tiene sentido, alguien dijo alguna vez que escalaba montañas “…por que están ahí…”, y creo que tiene razón. Es ese espíritu de conquista, de descubrimiento el que nos impulsa a subirlas, y al tiempo de descubrimiento de nosotros mismos, de nuestra capacidad de sacrificio a cambio de nada, un alarde de generosidad en el esfuerzo…
Y por fin llegamos a la antecima, de la famosa cruz metálica que corona el Aneto solo nos separa una fina arista de unos 15 m., el famoso paso de Mahoma cuyo paso decidimos (excepto Ángel, que se coló en la multitud y tocó la cima real) no realizar viendo las turbas de franceses en cordadas de 8, voces, discusiones por el “…espera que ahora paso yo”, etc…. “Algún loco de estos es capaz de tirarme” pienso yo mientras veo el trasiego descontrolado en un sentido y otro…Finalmente, después de 6h de ascensión llega el resto del grupo, nos abrazamos cansados pero satisfechos, felices de estar allí, rodeados de tanta belleza, emocionados por poder hacer lo que nos gusta y con gente tan maravillosa. Sacamos la bandera para realizar nuestra foto de cumbre, han sido muchas semanas esperando este momento, muchas ilusiones empeñadas en este objetivo, y nos sentimos realmente contentos¡¡
Pero la felicidad no es eterna y llega el momento de bajar, sabemos que tenemos por delante otras 4 horas de descenso, otros 1.200 m de desnivel para reunirnos con los compañeros que nos esperan el refugio, así que nos ponemos a ello. Esta vez decidimos abandonar la comodidad de la huella que seguíamos de subida para lanzarnos a tumba abierta por la nieve fresca, hundiéndonos hasta la rodilla pero disfrutando de esa maravillosa sensación, ese crujido de la nieve bajo tus pies…sabes a que me refiero, verdad Pepa? Atravesamos el glaciar de nuevo y toca volver a pasar el Portillón Inferior, esta vez de subida. El paso de muchos montañeros ese día ha dejado un cómodo canalizo de nieve por el que progresamos sin problemas, y ya en el Collado recuperamos energías con el clásico tentempié montañero (jamón, chorizo y queso a cascoporro). Recogemos de nuevo los trastos y nos encaminamos al refugio, nos espera una bajada a saco de 600 m. de desnivel, habíamos tardado 4 horas en subir ese mismo tramo y tardamos 1 h y 30 min. en bajar, haceos una idea de cómo bajamos¡¡¡ Por fin llegamos al refugio, donde nos reciben el resto de los compañeros que habían dedicado el día a tomar el sol y “baños” de nieve, acompañándolo de cerveza…el plan tampoco era malo ¡¡ La cena en el refugio, con los brindis correspondientes, y a la cama a las 10, cansados pero contentos.
El domingo recogida de bártulos en el refugio, desandar nuestros pasos del viernes hasta el parking del hotel donde nos esperaban los coches, y vuelta a Madrid.
Han sido 3 días inolvidables llenos de compañerismo y de buen rollo en el corazón de los Pirineos. Después de estar allí, de disfrutar de ese paisaje, de esas dimensiones abrumadoras, me queda la sensación de que aquellos que amamos la libertad de las montañas siempre tendremos un reducto al que huir, un lugar al que escaparnos cuando las cosas se pongan feas, para reencontrarnos con nosotros mismos…Muchas gracias a todos los que lo hicisteis posible con vuestra presencia y a aquellos que empujasteis desde la distancia.
Dedicado a Antonio Moreno y Agustín Muñoz.